La rompe bailando tango y demuestra que se puede brillar pese a la fibrosis quística


«Bailo tango desde los tres años, porque mi mamá se dedicaba y mis abuelos también. A los 18, era la única loca en el colegio. No era normal, los chicos no bailaban tango», arranca contando Jazmín, y explica que conoció el mundo del «2×4» porque su mamá tenía una agrupación de baile a la que asistían niños muy chiquitos. «Yo iba a todos los ensayos, participaciones, peñas. A los 3 años, me le revelé mi mamá, lloraba porque quería bailar y me puse una remera de mi papá negra a los tobillos y dije que quería bailar con el nene de 6 y salí bailando», dice, y destaca que aprendió la danza a pura observación, «sin pensar tanto y sin vergüenza».

En el último año del colegio secundario, se enfrentó a la decisión de qué hacer en el futuro, y barajó las posibilidades de estudiar Medicina, Veterinaria y hasta Aviación. «Todo me venía bien», reconoce, pero una situación ese año marcaría su futuro para siempre. «A los 17, fui a mi primer Mundial de Tango en Buenos Aires y me encuentro con un mundo que no conocía. Encuentro a chicos de mi edad que se dedicaban profesionalmente al tango y dije ‘es acá'».

Vive con fibrosis quística, baila desde los 3 años y llegó a las semifinales del Mundial de Tango

Así terminó inscribiéndose en la Licenciatura en Tango, que se estudia en la Universidad Nacional de las Artes en Caba, y desde allí comenzó a dedicarse a esa danza de forma profesional. «Cuando te metés en este mundo, es tan rico por dentro que no te podés negar. Todo tiene dónde saborear, porque cada uno tiene su particularidad y lo que te transmite o te hace sentir en el momento», dice Jazmín y confiesa que lo que más le gusta es bailar con las orquestas de los años 40.

Pero a los seis años, esta joven tanguera de alma, fue diagnosticada por una mala praxis a los seis años con fibrosis quística, una enfermedad genética que afecta a los sistemas digestivo y respiratorio, y hace que Jazmín deba esforzarse mucho más para poder bailar: «A mí no me funciona la parte digestiva y no me funcionan los pulmones tampoco. Para hacerlos funcionar tomo alrededor de 20 a 25 pastillas por día y, además de tener una alimentación variada, mis pulmones no se limpian diariamente solos, produzco un moco más espeso del normal, no lo puedo expectorar y me nebulizo a la mañana y a la tarde una hora y media, me entreno una hora y media por día, para que mis pulmones me permitan estar hablando sin quedarme sin aire«.

Al «tomarse en serio» el tanto, debió duplicar el esfuerzo y exigirle a sus pulmones el máximo que pudieran darle para ensayar las horas necesarias: «Me cuesta ensayar una hora entera, imagínate que yo tenía cuatro horas de entrenamiento en la universidad. Y tenía que llegar a rendir y al principio me retiraba antes porque me mareaba por la falta de oxigenación en el pulmón. Es como sentís que te baja la presión, pero es que no tenés oxígeno en sangre. Para esto dupliqué los esfuerzos para exigir a mis pulmones a estar en el máximo nivel«, explica Jazmín sobre lo que enfrenta a diario con tal de perfeccionarse en la disciplina que desarrollada desde la infancia.

Jazmín Samec tango fibrosis quística 1

Jazmín Samec llegó a las semifinales del Mundial de Tango que se vivió días atrás en la Ciudad de Buenos Aires. Busca visibilizar su enfermedad y el esfuerzo diario que hace para que sus pulmones aguanten sus largos entrenamientos.

Jazmín Samec llegó a las semifinales del Mundial de Tango que se vivió días atrás en la Ciudad de Buenos Aires. Busca visibilizar su enfermedad y el esfuerzo diario que hace para que sus pulmones aguanten sus largos entrenamientos.

Lejos de quedarse con lo negativo de la enfermedad que atraviesa, la joven vive enfocada en el baile que la apasiona. En junio se consagró campeona de Pinamar en las categorías de tango, vals y milonga, y llegó junto a su pareja de baile a las semifinales del Mundial de Tango que se vivió días atrás en la Ciudad de Buenos Aires.

«Con esto de que salgo tricampeona, empezamos a visibilizar la enfermedad, y el mundial fue el puntapié para seguir ayudando a mucha gente», cuenta y remarca que, ahora, el objetivo es viajar al exterior en busca de nuevas terapias contra la fibrosis quística para tener cada vez mejor calidad de vida.

«Yo ya no tengo tiempo que perder acá en Argentina. Mis pulmones funcionan por el esfuerzo que hago todos los días. Ahora tengo que salir en búsqueda de mejores tratamientos. Yo puedo hacer lo que mejor pueda a mi alcance, pero lo que tiene la enfermedad es que cualquier cura hace efecto en tanto mis pulmones estén en condiciones», dice Jazmín, que busca demostrar que con pasión todo se puede y sueña con un cambio social «para aceptarnos todos».



Fuente

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *